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No compartir la religión de tu pareja, no es el fin del mundo

 

Si bien requiere acuerdos claros, tolerancia y comprensión mutua, que tú y tu esposo no profesen la misma fe es una oportunidad para crecer juntos en armonía.

En la autobiografía del activista estadounidense Malcom X se encuentra un pasaje que resume una visión amplia sobre los matrimonios entre personas de diferentes religiones (y etnias): “Creo en reconocer a cada ser humano como tal: no blanco, negro, café o rojo; y cuando se trata de la humanidad como una familia, no se cuestiona la integración o el matrimonio interracial. Solo es un humano casándose con otro, o viviendo cerca y con otro humano”.

Ahora bien, las relaciones sentimentales, y los matrimonios en particular, requieren de negociaciones que no siempre ocurren desde el momento en el que te enamoras de tu otra mitad. Involucra, por ejemplo, desde el tipo de alimentos que consumirán, las celebraciones en las que participarán, hasta la cantidad de hijos que tendrían, sin olvidar cómo serían educados.

 

Hechos y cifras
Investigaciones demuestran que niños criados en un hogar de dos religiones son doblemente más probables a ser educados en la fe de su madre. A nivel de contraste, en el hemisferio occidental ha aumentado la aceptación de este tipo de uniones; mientras tanto, en el Oriente, bodas con parejas con religiones divergentes han producido matanzas relacionadas al honor, violencia religiosa, así como extensa angustia para los involucrados.

  • De acuerdo a una encuesta realizada en 2010, por YouGov en Estados Unidos, novios judíos eran los más dispuestos a casarse con alguien de otra religión (musulmanes ocupaban el segundo lugar, y los mormones eran los menos probables en contraer nupcias con alguien que no fuera mormón).
  • La autora Naomi Schaefer, en su libro ‘Til Faith Do Us Part: How Interfaith Marriage is Transforming America, argumenta: “Matrimonios con distintas religiones frecuentemente traen un precio alto. Son más probables a ser infelices que uniones de una misma fe y, en algunas circunstancias, terminar en divorcio. También tienden a minimizar la fortaleza de las comunidades religiosas, debido a que los devotos son alejados de los lazos de la tradición y ortodoxia por sus parejas no devotas”.
  • Las parejas compuestas de evangélicos y no-evangélicos, en este estudio, demostraron los más altos niveles de satisfacción en matrimonios de religiones distintas. El 50% de los matrimonios terminaba en divorcio.
  • Los matrimonios en los que una de las partes era evangélica, y la otra no profesaba una religión, compartían tasas de divorcio similares a las de uniones católicas: 61%.
  • De acuerdo al libro The Good Marriage: How & Why Love Lasts, para que una pareja joven tenga éxito en su matrimonio, cuando son de diferentes religiones, deben estar emocional y psicológicamente separados de las familias con las que se criaron.

La autora, Judith Wallerstein, sostiene que si las familias políticas se oponen a la unión de religiones disímiles se sentarán las bases para conflictos, amargura e incomprensión.