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En ningún lado se está seguro

En este país no se puede estar seguro en ningún lado. Si no lo matan, al menos lo asaltan. Y lo hacen frente a su casa, en cualquier calle, en el autobús, en un parque, frente a una iglesia o, incluso, en su interior.

No hay lugar en el se esté a salvo. Durante la semana que recién concluyó hubo todo este tipo de asesinatos. Un pastor fue atacado cuando dirigía un servicio religioso desde el púlpito de su iglesia. Frente a dos iglesias católicas asesinaron a dos hombres. Uno de ellos, incluso, fue violado cuando ya estaba muerto frente a la puerta principal del templo. Al menos así lo registraron las cámaras de seguridad del lugar. Claro que la seguridad solo incluye a la iglesia, pues para quienes pasan por ahí para lo único que sirven esos equipos de filmación es para dejar constancia de los ataques cometidos.

Asimismo, durante el reciente fin de semana, dos jóvenes fueron asesinados en el interior de un vehículo, otros perdieron la vida durante un asalto a un autobús.

Y en un salón de baile de una feria patronal, otro sujeto falleció luego de ser baleado. Esta historia dejó más muertes, incluida la del criminal, pues mientras intentaba escapar el hijo de la víctima lo persiguió y también cayó muerto a tiros. El maleante intentó huir, pero no lo consiguió. Una turba lo acorraló, lo amarró, le dio una golpiza y tras rociarle gasolina le prendieron fuego.

Estas historias parecen ficción, pero lamentablemente son reales. Y, para colmo, frecuentes. Así mueren a diario alrededor de 15 guatemaltecos, víctimas de un sistema inoperante e incapaz de brindarles seguridad y garantizarles la vida, como manda la Constitución.