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Cuándo terminará la matanza

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Pareciera que los guatemaltecos nos hemos vuelto insensibles al dolor ajeno, y vemos con toda normalidad la violencia imperante que nos agobia. Estamos tan absortos en nuestros quehaceres de todos los días, que ya un crimen más es tan común, que poco nos afecta.

Pero es el momento en que nuestras consciencias adormecidas por tanto salvajismo deben reaccionar y al ver, leer y escuchar las noticias nos debe causar rechazo el que se siga matando impunemente a los pilotos de buses urbanos, extraurbanos, microbuses y de transporte de carga.

Solo el último fin de semana se produjeron cuatro ataques a los prestadores de servicio de transporte de pasajeros, dejando conductores heridos, otros fallecidos, así como ayudantes y usuarios con lesiones por arma de fuego.

Ayer, Sergio Gonzalo Pérez Corzo, de 52 años, piloto de los transportes Cotrauvin fue asesinado a tiros cuando circulaba en el bulevar principal y 20 calle de la colonia Villa Hermosa, en la zona 7 de San Miguel Petapa.

Los asesinos, dos sicarios que viajaban en la camioneta mezclados entre los pasajeros, quienes jamás se imaginaron las perversas intenciones de dichos individuos, quienes como todos los cobardes se levantaron de sus asientos y sin decir nada se aproximaron al conductor, le dispararon, para luego dejar mal herido al ayudante y a un viajero.

A los matones poco les importó que el hombre a quien iban a matar era o no a quien sus cómplices le habían entregado un celular días antes, ellos solo querían sembrar temor, y lo lograron, a pesar de las 30 personas que viajaban en la unidad de transporte, quienes vivieron momentos de terror, algunos llevaban a sus niños.

Estas escenas se han convertido en pan cotidiano, y no ha habido autoridades que hayan podido frenar esta escalada de crímenes, que con cada hecho enluta a una familia más.

Hay que alzar la voz de protesta y exigir a quienes están a cargo de la seguridad de los guatemaltecos que cumplan con su deber, pues no es posible que sigan matando a personas trabajadoras, cuyo único delito es tratar de ganarse la vida honradamente, y a veces no tienen para pagar el chantaje de los extorsionistas que quieren vivir y hacer dinero a costa de otros.

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